La Ciudad Deportiva de Iztacalco, un lugar donde una vez se reunían deportistas y aficionados para disfrutar de los conciertos y eventos deportivos, hoy se ha transformado en un espacio cada vez más desolado y problemático. Los eventos semanales que se llevan a cabo en el recinto han causado constantes cierres del recinto, afectando la …
Vecinos de ocho colonias denuncian exclusiones debido a la privatización de la Ciudad Deportiva.

La Ciudad Deportiva de Iztacalco, un lugar donde una vez se reunían deportistas y aficionados para disfrutar de los conciertos y eventos deportivos, hoy se ha transformado en un espacio cada vez más desolado y problemático. Los eventos semanales que se llevan a cabo en el recinto han causado constantes cierres del recinto, afectando la vida de los residentes de la colonia Agrícola Oriental.
Además, el aumento significativo de los precios para estacionarse ha convertido el acceso al recinto en un obstáculo para muchos. Los franeleros cobran hasta 250 pesos por estacionarse, lo que obliga a muchos a buscar alternativas, ya sea pasear por el parque o utilizar transporte público. Los niveles de ruido rebasados los límites permitidos son otro problema, afectando la calidad de vida de los vecinos y creando un ambiente hostil.
La tala discreta de árboles endémicos para ampliar áreas pavimentadas ha sido otra medida que ha sido criticada por la comunidad. La eliminación de las plantas nativas ha afectado el ecosistema del lugar, ya sea lo que han dejado los árboles sin vegetación ni frutos ni un solo insecto que se alimentara en ellos.
La simulación de áreas verdes con pasto artificial es otra práctica problemática. Aunque el gobierno capitalino firmó un convenio en 2019 para transferir 30 millones de pesos anuales a la alcaldía Iztacalco, no sabemos qué han hecho con estos recursos. La comunidad se siente engañada y explotada.
La falta de transparencia y control ha sido otro problema que ha surgido en el recinto. El usuario Gerardo Reynoso calificó de “traumatizante” el escenario que deja la visita a los conciertos: “tú, como deportista, ves platos, vasos, servilletas, una cantidad de cosas que al final termina afectando el drenaje y haciendo un espacio triste y deprimente para vivir”.
Moisés Esquivel recordó que en su infancia el velódromo solía “ser de acceso libre”; además, aprendió natación sin costo alguno. Hoy, dijo, un curso de fútbol implica pagar mil 400 pesos mensuales por el uso de cancha –la tarifa más económica–, además de uniformes y cuotas por eventos.
Jesús Luna añadió que la alberca olímpica se encuentra “en estado deprimente”, sin que avancen las obras de remodelación. Durante el recorrido también se constató que parte del recinto es utilizado como bodega para los eventos que organiza Ocesa –empresa que opera mediante concesiones–. Detrás de rejas se apilan botes de basura, alfombras y contenedores.
La falta de inversión en el mantenimiento y la falta de transparencia han convertido la Ciudad Deportiva en un espacio problemático y desolado. La comunidad busca una solución para mejorar las condiciones y hacer que este lugar sea un lugar donde los deportistas y los aficionados puedan disfrutar sin tener que pagar precios exorbitantes ni enfrentar problemas de seguridad y mantenimiento.






